lunes, 2 de enero de 2017

Cómo una apuesta arriesgada puede llenar salas: Erik Martensson y Magnus Henriksson (Eclipse) 18/11/2016

Con cierto escepticismo nos acercábamos la noche del 18 de noviembre a la sala Silikona de Moratalaz para disfrutar del acústico Erik Martensson y Magnus Henriksson, parte de la formación de los suecos Eclipse.

Y digo que acudíamos con cierto escepticismo, no porque no tuviésemos claro que ambos músicos fuesen a estar a la altura -ya se sabe que el acústico deja al descubierto los más pequeños fallos y carencias-, sino porque temíamos que sus temas no terminasen de encajar del todo en un formato que cada vez parece estar más de moda entre las promotoras (tan solo un mes antes podíamos disfrutar de The Quireboys en la Lemon y en enero nos visitará el también sueco Erik Grönwall, vocalista de H.E.A.T.).

Magnus y Erik salían a escena unos minutos más tarde de la hora programada, sólo acústicas en mano, y con una mezcla entre reparo y alegría: reparo porque ellos mismos confesaban que era la primera vez que se atrevían con el unplugged y alegría porque realmente la acogida había sido estupenda y la sala reunía a una muy buena cantidad de público.

Descorcharon la noche con “I don’t wanna say I’m sorry”, tema que abre su álbum Armageddonize, y uno de los más conocidos de su formación actual. Los aplausos no se hicieron esperar y, desde ese instante, la noche sólo pudo ir hacia arriba: ellos se mostraron mucho más sueltos y abiertos con los oyentes, quienes demostrarían ser fieles y entregados desde el primer acorde hasta el último, a pesar de los intermitentes problemas de sonido que se sucedieron en el monitor de Erik durante “Million Miles Away”.

Segundos después nada de eso importaba. Si algún vestigio de duda quedaba acerca de la adaptación de los temas de los suecos al formato acústico, con “Blood Enemies” terminaron de convencernos. El precioso solo que abre esta canción era una apuesta arriesgada para llevar al acústico –realmente el tema completo lo era, a nuestro juicio, por ese cierto toque épico que desprende- pero lo bordaron. De hecho, las cuerdas metálicas le daban un cierto regusto a folk irlandés que nos encandiló a nosotros y a toda la sala, que coreaba los estribillos a la perfección. Y es que, habiendo estado previamente en el país y confirmada ya su asistencia para dos de los grandes festivales programados este verano, parecía complicado convencer a la audiencia de nuevo, pero claro, se palpaba que todos los allí presentes eran incondicionales. ¡Y no eran pocos!

Erik y Magnus parecían satisfechos con el resultado, así que ya un poco más sueltos, nos avisaban entre risas de que el concierto sería largo y poco después nos desvelaban -en exclusiva para los shows en acústico- “Downfall of Eden”, uno de los temas que se incluirán en su próximo disco, el cual verá la luz en marzo y que, a juzgar por lo que allí escuchamos, prometía seguir la senda melódica que la banda viene practicando y donde Erik sólo sabe hacer maravillas con su voz.

A partir de este momento el dúo empezaría a desgranar el resto de repertorio no compuesto por temas de Eclipse. Y es que, además de músicos excepcionales, Erik y Magnus, acarrean un buen historial de participaciones en otros proyectos reconocidos dentro del mundo del rock como co-escritores y productores, y así se fueron paseando sin despeinarse por un puñado de estos temas, entre los cuales no podemos dejar de mencionar “Heaven Call Your Name” y “Everybody’s Got a Broken Heart”, ambos incluidos en el Never Too Late,  del fallecido Jimi Jamison (Survivor) o “Hypocrisy” y “When Death is Calling”, (esta última con una intro en acústico de cierto aire a western de Morricone), del proyecto Nordic Union, donde Martensson trabaja codo con codo con Ronnie Atkins, de Pretty Maids.

Pero este repaso no podía estar completo sin un pequeño paseíto por un par de temas de W.E.T. –como ya nos prometiera de antemano el cartel-. La primera elegida fue “Learn to live again”, donde Erik nos dejó boquiabiertos con un chorro de voz impresionante. Aún así, si algo tiene este chico además de talento, es humildad, y en todo momento mostró su admiración por Jeff Scott Soto y relató cómo el proyecto de W.E.T. comenzó con una llamada suya -a la que Erik no terminaba de dar crédito- para trabajar juntos. No podemos dejar de lado los preciosos punteos con los que Magnus adornó todo el tema, con una elegancia de las que dan ganas de quitarse el sombrero.

Pero la culminación de esta preciosa fusión entre voz y guitarra llegaría con la segunda parada dentro del repertorio de W.E.T., “Comes down like rain”, donde el dúo pediría además la colaboración de un público completamente entregado a la magia que los dos suecos desprenden con su música. 


Volverían al repertorio de Eclipse con “Runaways” y “The Storm” advirtiéndonos de que aún quedaban 195 canciones por delante. Personalmente no nos hubiera importado, y menos cuando abrieron el cajón de sus bandas de influencia tras el “Oeoeoeoé” de rigor –a todo esto y como reflexión personal, ¿por qué todas las bandas extranjeras piensan que coreamos Oleoleoleolé?- comenzando, como no podía ser de otra forma, con sus paisanos Europe y “Prisoners in Paradise”, una de las que más nos gustó por el gran feeling vocal que Erik demostró, haciendo que se nos encogiera el corazón en cada nota.


El ambiente ya se había tornado mucho más relajado, y tras unas cuantas bromas e improvisaciones varias, retomaron su lista de influencias, dentro de la cual no podía faltar Whitesnake y el mejor vocalista de todos los tiempos según Erik. Eso sí, ya quisiera hoy en día David Coverdale hacer el “Love Ain’t no Stranger” como sonó en la voz del sueco: simplemente impecable.

Para ir cerrando la noche, nada mejor que una ración de “About to Break”, una de las más esperadas a pesar de que los suecos aseguran ante la incredulidad del público que la tocarán por última vez en los shows en acústico, y “Battlegrounds”, toda una bomba que, según cuenta Erik, surgió de casualidad en el estudio en tres minutos cuando Magnus improvisó un riff después de horas y horas de estrujarse la cabeza sin conseguir nada. ¿Quién lo diría?

Parece que había llegado el momento de ir terminando y, tras despedirse, Magnus y Erik se dirigieron al backstage. No terminábamos de asumir que el concierto hubiese acabado de esa forma, pero ante la escasa insistencia de la audiencia y teniendo en cuenta que el setlist hasta el momento había sido extenso, empezamos a creérnoslo. Casi nos disponíamos a marcharnos cuando la pareja volvió al escenario y preguntó si queríamos oír algo más: por supuesto que sí. Un pequeño grupo insistía en que tocaran “Wake Me Up” pero, haciendo oídos sordos, cayó “Wide Open”, y nosotros tan contentos. Si no, admitimos que la hubiéramos echado en falta. Algún desliz hubo con el estribillo, pero qué más daba, la interpretaron de forma exquisita, como todo lo que tocan las manos de esta gente.

Y cuando ya pensábamos que nada más podía sorprendernos, empiezan a sonar los acordes de “Summer of 69”, de Bryan Adams y un último homenaje, esta vez y para cerrar, a los míticos australianos AC/DC y su “You Shook Me All Night Long”.

Bravo por estos dos músicos, ya que no hay directo en el que participen (ya sea en directo y con toda su formación como desenchufados) del que no salgamos encantados y entusiasmados a partes iguales. Impacientes esperamos su nuevo disco y sus próximas actuaciones en el Rockfest y el Leyendas del Rock, donde esperamos que lo presenten si no lo hacen previamente en sala.

Crónica y fotos: Lucía S. Novella
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