sábado, 5 de noviembre de 2016

Una de cerveza y swing: Border Caballero + The Del Prince 27/10/2016

La mítica sala El Sol abría una vez más sus puertas el pasado jueves 27 para traernos una noche con sabor a los cincuenta. A pocos minutos de que dieran las 22:00 los neones rojos de su puerta comenzaban a iluminar un desfile de lunares, tupés y cigarrillos que se dirigían con paso animado hacia el concierto de dos de los grupos más representativos del doo wop y el rockabilly de la escena madrileña actual.

The Del Prince fueron los encargados de arrancar la noche con un "Julie" que consiguió hacer empezar a moverse a la mayoría de los asistentes antes de llegar al primer estribillo. Y es que la voz de su veterano cantante, Marcos Sendarubias no era para menos, y la excelente combinación con los coros del resto de integrantes del quinteto hizo que su animada propuesta de matrimonio resultara un tema ideal para romper el hielo y demostrar que no es necesario un apoyo instrumental para conquistar una sala. La siguiente canción elegida por la banda fue una versión de Perry Como, que encabezaría la lista de figuras míticas del rhythm and blues que dejarían caer sus letras sobre el escenario de la céntrica sala.
Un "Sweet Things" mucho más animado y con una base de guitarra con la que era imposible no unirse al ritmo fue el siguiente tema seleccionado y al que le seguiría una sucesión de canciones de su discografía, mezcladas con algún tema inédito de su próximo disco, Songs we love que tienen previsto presentar el próximo día 10 de diciembre en la sala El Intruso.

Estos madrileños, juntos desde que allá por 1997 decidieran comenzar a juntarse para ensayar en la estación Príncipe Pio, lugar del que sacarían su nombre, consiguen una mezcla de, como ellos mismos definían “el bronx y lo castizo” tan brillante que, al mezclarse este con la acústica de la Sala el Sol, nada mala a pesar de la falta de altura de su escenario, muchos de los asistentes nos quedamos sorprendidos de no haberse topado con ellos hasta esa noche. También hubo tiempo para canciones en español como "La Chica Que Quiero", hacia la mitad del bolo, con unas bases que creaban un inevitable recuerdo en a las míticas canciones de los Cadillacs en su versión más castellana.

Hubo alguna ocasión en la que los arreglos de última hora les jugaron una mala pasada en la entonación de sus temas más recientes como "I’m so ashamed" pero el buen rollo que habían conseguido crear en la sala hizo que pudieran disculparse y retomarla entre aplausos.

Finalmente, terminarían de la mano de los Penguins con "Don’t Do It" , remasterizado con un ritmo más rápido, lo que constituyó broche final excelente para dejar a al público con ganas de seguir moviéndose, ahora acompañados por el grupo que daba nombre a la noche, Border Caballero.
La banda madrileña dejó el tiempo justo a los asistentes para pedir la siguiente cerveza y volver a situarse al pie del escenario, esta vez para escuchar la presentación de Oxidado, el último trabajo de los Border Caballero, que ejemplifica una vez más, la fusión del rock and roll, el blues y el soul de la que la banda ya ha hecho su bandera.
Y mucho más porque estos chicos de Madrid crean una combinación de los Skatalites, Presley o los Astronauts tan frenética que llega a parecer que no va a funcionar. Pero funciona y la noche del jueves fue una vez más una demostración de esa frescura que tanta falta le hace a la escena madrileña.

Con un inicio de concierto instrumental, pronto comenzarían a comerse escenario, público y sala. El grupo liderado por Harry Palmer, que lleva recorriendo escenarios desde una fecha relativamente corta, 2012, dejó claro que aún le queda mucha guerra que dar, y con los primeros graves de "Lost" el espíritu de aquella norteamérica rebelde comenzó a expandirse entre los asistentes.


La combinación de Gustavo Villamor (Contrabajo, bajo eléctrico), Senen García (Batería), Harry Palmer (Voz, guitarra), Henar Rodríguez (Piano), Guille Gosalbo (Saxofón, coros) y Marcos Ortega (Trompeta, coros) mezclados con letras que hablan sobre libertad aunque también soledad con unos ritmos de batería rápidos y un apoyo de viento grave crea una combinación muy singular, que es tanto fresca como intensa y que sin duda hace pensar que las andaduras de la banda no han hecho más que empezar. Border Caballero ha llegado para quedarse, casi haciendo una paradoja del nombre de su último disco, Oxidado. También hubo tiempo para canciones más antiguas, como "Don’t leave me alone" uno de los grandes clásicos y en el que los ritmos de swing de saxo y trompeta son los grandes protagonistas.

La oda al blues más desaliñado mezclado con algunos ritmos de ska llegó de la mano de "Where is my Mechero", canción que apuntaba a ser uno de los momentos más enérgicos de la noche al ver los ánimos que causó entre el público, pero aún quedaba mucho más por ver.


En su actuación contaron con el apoyo de muchos otros músicos, gatos de la noche de Madrid que supieron acompañar al grupo creando un espacio en el que la vitalidad y el compañerismo fueron brillantes en las actuaciones, llegando a dejarse acompañar por una gran cantidad de los asistentes que sirvieron de bailarines improvisados sobre el escenario de la sala El Sol, quizá demasiado angosto para recoger tanta animación.

También hubo tiempo para sus compañeros de bolo, y The del Prince volvieron a dejarse caer una vez más sobre el escenario para interpretar "I Told You For Love". La combinación de la armonía vocal del grupo a capella con los ritmos instrumentales de los caballeros fue sin dudar a dudas una actuación que no dejó a nadie indiferente.


Por supuesto, hubo que dejar un espacio para rendir homenaje al rey, y su "Burning Love" supuso una celebración de la monarquía reinventada de Presley, en una actuación que sin lugar a dudas hubiera arrancado una sonrisa al chico de Mississippi.

Cuando llegó el momento de poner el sello final a la noche el grupo se sirvió de su "Play My Rock and Roll" para verdaderamente acompañar el último baile y despedirse interpretando el lo que sería un adiós con sabor hasta pronto tras una noche con sabor a música, energía y libertad.


Texto y fotos: Yolanda Álvarez

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